
20 de Mar de 2026 · 4 min de lectura
La diferencia entre un agente y alguien que dice serlo

Por Juan Manuel Alquezar
Por qué el nuevo sistema de licencias busca poner reglas claras en la representación de futbolistas.
En el fútbol profesional, una de las decisiones más importantes que toma un jugador —especialmente al comienzo de su carrera— es quién lo va a representar. Sin embargo, esa elección muchas veces se hace con poca información. En el entorno del fútbol conviven distintas figuras: personas que acercan jugadores a clubes, intermediarios que participan en negociaciones, asesores informales o individuos que simplemente se presentan como “agentes” sin que exista demasiada claridad sobre qué significa realmente ese rol.
Durante muchos años, el sistema funcionó de esa manera. La representación de futbolistas se desarrollaba en un terreno relativamente difuso, donde las reglas no siempre eran claras y donde muchas operaciones se realizaban sin un marco regulatorio uniforme. Ese escenario empezó a cambiar con la implementación del nuevo reglamento de agentes impulsado por FIFA, conocido como FIFA Football Agent Regulations. El objetivo fue establecer algo que el fútbol necesitaba desde hace tiempo: profesionalizar la actividad de representación y generar un sistema que brinde mayor transparencia en las negociaciones que rodean la carrera de los jugadores.
A partir de ese reglamento, representar futbolistas dejó de ser una actividad informal. Hoy, cualquier persona que quiera negociar contratos, participar en transferencias o representar formalmente a un jugador debe contar con una licencia oficial otorgada por FIFA. Pero la diferencia entre trabajar con un agente licenciado y alguien que no lo está va mucho más allá de una formalidad administrativa. Un agente con licencia debe aprobar un examen oficial, registrarse dentro del sistema internacional de agentes y aceptar un conjunto de normas que regulan su actividad. Eso implica obligaciones concretas: registrar los acuerdos de representación, declarar las operaciones en las que participa, respetar normas de transparencia financiera y someterse a un sistema disciplinario. En otras palabras, su trabajo está supervisado.
Cuando alguien actúa como agente sin licencia, ese marco simplemente no existe. Y ese es precisamente uno de los problemas que el reglamento intenta resolver. Las normas establecen que jugadores, entrenadores y clubes no deben contratar ni utilizar los servicios de personas que no cuenten con una licencia oficial de agente. La responsabilidad, por lo tanto, no recae únicamente en quien se presenta como intermediario, sino también en quienes deciden trabajar con él. Un club que negocia con una persona sin licencia puede enfrentar sanciones dentro del sistema del fútbol, y lo mismo puede ocurrir con jugadores o entrenadores que aceptan ser representados por alguien que no está habilitado para ejercer la actividad.
En la práctica, además, existe otra situación que las regulaciones intentan evitar y que todavía aparece con cierta frecuencia: la utilización de licencias como “pantalla”. Se trata de casos en los que una persona sin licencia participa activamente en una negociación o en una transferencia, pero utiliza a un agente licenciado únicamente para firmar los documentos o formalizar la operación. Es decir, alguien realiza el trabajo real de intermediación mientras otra persona presta su licencia para que la operación parezca válida dentro del sistema. Este tipo de maniobras también viola el reglamento, porque el principio que establece la normativa es claro: quien presta servicios de representación debe ser efectivamente el agente licenciado que figura en la operación.
Las consecuencias de este tipo de prácticas pueden incluir sanciones disciplinarias, multas económicas e incluso suspensiones dentro del sistema del fútbol. Pero más allá de las sanciones, el problema de fondo es otro. Cuando un jugador trabaja con alguien que no está habilitado para representarlo, queda fuera de un sistema que justamente busca protegerlo. Y en ese contexto suelen aparecer situaciones que lamentablemente se repiten con frecuencia: promesas de pruebas en clubes que nunca se concretan, negociaciones realizadas sin transparencia, acuerdos verbales que después resultan imposibles de demostrar o personas que desaparecen cuando las cosas no salen como se había prometido.
Para muchos jugadores jóvenes —y para muchas familias que acompañan sus primeros pasos— estas situaciones pueden resultar difíciles de detectar a tiempo. El entusiasmo por una oportunidad o la ilusión de una transferencia importante muchas veces hace que las señales de alerta pasen desapercibidas. Por eso es importante recordar algo fundamental: en el fútbol siempre van a existir personas que acercan oportunidades, recomiendan talentos o generan contactos, pero representar profesionalmente a un futbolista implica algo más que eso. Implica intervenir en contratos, transferencias y decisiones que pueden definir el rumbo de una carrera.
Y en una industria global como el fútbol, donde una firma puede cambiar el destino de un jugador, entender quién está realmente habilitado para representar esos intereses no es un detalle menor.
Muchas veces, esa diferencia empieza con una pregunta muy simple: si la persona que dice representarte realmente tiene la licencia para hacerlo.
Juan Manuel Alquezar
FIFA Licensed Football Agent
Alquezar Sport Management